¡A celebrar la vida!

FOTO: Juan David Cano
FOTO: Juan David Cano
Por: Jeniffer Lizcano Cubillos
Publicado el 6 de noviembre de 2017

Compañía: Ganadores becas de circulación en danza
País: Colombia
X Festival Danza en la Ciudad
Fecha de función: 05 de noviembre de 2017
Teatro: La Media Torta

Tarde brumosa, hace un frío que envuelve el cuerpo y se va a acumulando en las articulaciones, que se siente fuerte en la nariz, en las orejas, los dedos.  Hoy es una de esas típicas tardes bogotanas, con una tenue bruma y un cielo gris de tonos diversos.   Suena un porro y yo, que no soy experta en este tipo de expresiones tradicionales, me dejo llevar por la percusión,  la algarabía de los bailarines, los coloridos vestuarios que dibujan algo parecido a la libertad en el aire, me van calentando, me van acercando a esas regiones del país en donde la vida en comunidad tiene tanto valor, en donde encontrarse con el otro para verlo a los ojos resulta fundamental.

Mis caderas contra el frio pavimento quieren liberarse, los hombros se sacuden, los pies llevan el ritmo y, no me doy cuenta a qué hora, estoy aplaudiendo y bailando desde mi puesto.  ¡Epa! Siento la complicidad de un público que se emociona, que grita, que se conecta con la alegría y el gozo que exhalan los bailarines.  Una pieza musical sucede a otra y el viaje hacia adentro se hace más profundo;  pienso en la tierra caliente, en  chapuzones en el río, en el trabajo de la tierra, en la conexión con las raíces.  Me estremezco, me vibran los huesos, me entra una nostalgia dichosa que me recuerda que, a pesar de vivir en esta ciudad, tan distante de eso otro que también siento como  propio, mi ser más profundo no olvida que yo soy una mestiza, una mezcla de todo aquello y más y que allí se encuentra algo de mi identidad, de  mis raíces, la semilla.

Las expresiones folclóricas colombianas son, en su mayoría, una celebración de la existencia, de la relación con el otro, de la palabra, la bulla, el canto, los aplausos y, por supuesto el baile, el movimiento que  hermana y nos permite ver el cuerpo del otro desde sus posibilidades, sus talentos, su entrega.

Presencio las puestas en escena de las agrupaciones Herencia Viva, Yambaló danza y Mis memorias, las tres, ganadoras de becas del Idartes. Sin duda tienen mérito para ello.  En todas se ve un trabajo arduo, un desborde de alegría, todos bailan como si la vida dependiera de ello y eso inunda el espacio y contagia a los espectadores. Todos los matices están presentes, la elegancia, la sobriedad, pero también el derroche de energía, las pequeñas escenas teatrales que conectan al espectador con una cierta cotidianidad, con las costumbres y la idiosincrasia de distintas regiones del país;  qué mágico es ver a un grupo numeroso de bailarines moverse al unísono, al ritmo de la dicha.

Empieza a lloviznar, pero el frío se fue, mi cuerpo agradece a esos otros cuerpos por su presencia y su ungüento para la felicidad.