De Rincón a Pandur

Foto: Laura Beltrán
Foto: Laura Beltrán
Por: Francisco Monroy Salamanca
Publicado el 12 de noviembre de 2017

Obra: El reflejo de Mnemosine
Compañía: Francisco Rincón
País: Colombia
X Festival Danza en la Ciudad
Fecha de la función: 9 de noviembre de 2017
Teatro:
 Museo de Arte Colonial

El X Festival Danza en la Ciudad, fue la oportunidad perfecta para estrenar varias obras becadas por IDARTES. Una de ellas fue El reflejo de Mnemosine, ganadora de la Beca de Creación Multidisciplinar: Arte, Cuerpo y Tecnología, estrenada el 8 de noviembre en el Museo de Arte Colonial, un espacio histórico cargado de significados, que Francisco Rincón transformó, a través de una puesta en escena donde música, video, vestuario y, por supuesto, danza, logran llevar a los espectadores a otros lugares: una playa solitaria, un palacio europeo, un país en guerra, una sala de teatro.

Se trata de un homenaje que Rincón hace a Tomaz Pandur, dramaturgo y director de teatro esloveno, quien ha inspirado a nuestro artista, permanentemente, en sus creaciones dancísticas. Precisamente, hace un año Francisco tuvo la grandiosa oportunidad de conocerlo, cuando el artista europeo presentó la obra Fausto en el Teatro Julio Mario Santo Domingo. Hablaron, él le confesó su admiración y Pandur, por su parte, le reveló que su próximo proyecto iba a ser Cien años de soledad, que lo iba a realizar en México y en Colombia. Al parecer congeniaron tanto que el dramaturgo invitó al colombiano a hacer parte del proyecto. Sin embargo, doce días después Tomaz Pandur murió. Francisco lleva una manilla como amuleto en su brazo, es negra con letras blancas, en ella se lee Cien años de soledad: “Recuerdo que la tenía en el brazo, se la quitó y me la dio”, asegura.

Tal es la anécdota que explica el origen de El reflejo de Mnemosine como un homenaje, sin ningún ánimo de copiar, simplemente con la intención de permitirnos conocer, un poco más, el trabajo de aquel importante artista. Para ello, nuestro creador eligió algunos momentos de toda la carrera de Pandur, sobretodo imágenes, símbolos, pues él hacía mucho uso de ellos: el agua, las frutas, la sangre, las flores, el espejo, el metal… Quiso contar la historia detrás de cada símbolo a través de momentos claves de algunas piezas del esloveno. Así, la estructura de la obra, dada a través de momentos no atados linealmente, se presenta como una sucesión de escenas en las que el reflejo es el símbolo principal, acompañado por otros, que cargan de significados a cada instante. Por ejemplo, en el primer momento Francisco, quien es el único intérprete de su propia creación, arrastra el armazón de un barco: baúl de recuerdos, viaje interior, instrumento de Caronte al llevar almas al primer círculo del infierno (Pandur montó tres versiones distintas del Infierno de Dante, una eslovena, una alemana y una española).

Así es la pieza de Francisco, una poética de su danza donde cada instante reluce: “Instante detente…eres tan bello” dice él mismo antes de terminar (Yo también quería detenerlo). En ella nos encontramos con la presencia neta de un gran bailarín, bellas frases en movimiento, música exquisita, atuendos góticos con detalles brillantes (de nuevo el reflejo), transformación del espacio. Una transformación que es el fruto de la interacción consciente con el mismo, lo llena de vida. Sin embargo, quedé esperando un manejo más interactivo, más real de la tecnología, teniendo en cuenta el tipo de beca de la que dio muestra. Fue magnifico ver un video proyectado sobre toda la enorme pared trasera del museo, pero este se perdía, no me fue posible relacionarlo con lo que ocurría en la escena. Sin lugar a dudas el despliegue técnico es muy bueno, la tarea de transformar el espacio de esa casona colonial se logró gracias a éste, pero es posible seguir indagando en una creación realmente multidisciplinar, donde los lenguajes creativos se sumen, cooperen los unos con los otros y se explore en cada uno de ellos, su relación en torno a un solo discurso.