Desempolvar con un plumero los cuadrados del cerebro

"El módulo: collage en dos actos para sintetizador, fragmentos de prosa, lámparas halógenas y coro de objetos actores", fue presentado por primera vez en el espacio Matik-Matik en la noche del jueves 26 de noviembre de 2009. La dirección es de Ángela Hoyos y Juan Hernández...
Por: Inés Elvira Rueda Lopera
Publicado el 19 de febrero de 2010
“El módulo: collage en dos actos para sintetizador, fragmentos de prosa, lámparas halógenas y coro de objetos actores” fue presentado por primera vez en el espacio Matik-Matik en la noche del jueves 26 de noviembre de 2009. La dirección es de Ángela Hoyos y Juan Hernández.

Ulrica Roy llena al oyente de imaginarios coloridos. Es música para hacer entender al oyente que en el siglo XXI hay calentamiento global, Blackberries, blueberries y cranberries, a la vez que se unen las artes y  se conjugan los saberes. Es música que mezcla sonidos, imágenes, voces e instrumentos.

Ulrica Roy es desconcierto puro. Es factor sorpresa. Es una voz que susurra, seguida de  una melodía que penetra la cabeza. Es, ante todo, consonancia balanceada de las uniones sonoras.

Ulrica Roy es, además, música que puede verse. Que cuando se presenta en vivo trae consigo un performance de una mujer –Royos- y un hombre –Ulández-. Royos interpreta con su cuerpo la música que Ulández va construyendo ya en un sintetizador, ya en un computador.

Ulrica Roy es palabra dicha y masticada. Royos cuela los versos de Calvino en la música y el oyente logra entender que “el espacio es curvo en todas partes, pero en algunos puntos más que en otros”. Royos cierne sobre la música las palabras del poeta cubano: “Hay que morder, hay que gritar, hay que arañar…”. Royos (otra vez Ulrica, de nuevo Royos), recita su veredicto: “Il était une fois, un présent, un passé et une joie”.

Ulández no puede resistirse a la tentación y hacer sólo música: necesita algo más con lo cual dialogar y acentuar los ritmos y colores armónicos que produce. Por eso él es  también músico de luces; porque de cuando en cuando lo que toca en el teclado se refleja en luces halógenas amarillas, verdes, cian y magenta.

En vivo, Royos y Ulández se paran en escena junto a un taladro-plumero y  una licuadora-trapero, elementos con los que buscan que el público atraviese la coraza del arte disgregada.

Oír Ulrica Roy significa ver con otros ojos el taladro, el plumero, la licuadora y el trapero. En realidad hacer mercado ya no será lo mismo.