El eterno encanto de lo clásico

Foto: Carlos Eduardo Díaz
Foto: Carlos Eduardo Díaz
Por: Manolo Villota Benítez
Publicado el 12 de noviembre de 2017

Obra: Tarde de Ballet
Compañia: DanceBog Ballet en Movimiento
Fecha de presentación: 11 de noviembre de 2017
X FESTIVAL DE DANZA EN LA CIUDAD
Lugar: Teatro El Parque

El ballet siempre ha generado una especie de fascinación entre el público. Su estética, su técnica y su vistosidad, le han hecho trascender el tiempo y le han permitido insertarse, exitosamente, en la cultura popular.  Hoy, esta danza está más viva que nunca, eso demostró la gala llevada a cabo en Teatro El Parque, en el marco del X Festival Danza en la Ciudad.

Tarde de Ballet, reunió a los ganadores de las Becas de Circulación del Distrito. Tres parejas de danzantes fueron sus protagonistas, quienes luego de un largo proceso de preparación, dieron una pequeña muestra de seis importantes piezas del género, creadas mucho tiempo atrás pero inmortalizadas con los años.

Así, a lo largo de casi una hora de duración, el auditorio se maravilló con la elegancia y la gracia de los bailarines en escena. Es probable que la gran mayoría de asistentes ignoraran qué era un Arabesque, un Pirouette o un Fouetté, sin embargo, dado que la danza es un lenguaje universal, eso no fue impedimento para apreciarla, para conectarse con ella, por eso al final de cada pieza, los aplausos desbordaban el recinto.

Desde La Fille Mal Gardeé, creada en plena Revolución Francesa por el coreógrafo Jean Dauverbal, pasando por Raymonda, musicalizada por Alexander Glasunov, hasta el célebre Cascanueces, entre otras muestras que se brindaron, la jornada fue no menos que un festival de sofisticación y elegancia.

Los tres dúos ratificaron su condición de ganadores de las Becas. Por un lado, la interacción en pareja de la que hicieron gala, mostró el resultado de un trabajo constante y muy profesional.  Hubo coordinación, complicidad y camaradería, aspectos fundamentales en una puesta en escena dancística. En el caso de los adultos, se notó la experiencia, la pasión y el rigor, sin olvidar el motor que hace que la expresión cultural toque al espectador: el amor por lo que se hace.

Por otro lado, se destaca positivamente la labor de la pareja conformada por los bailarines más jóvenes: María Poveda Rodríguez y Gabriel Zúñiga Ávila, quienes a pesar de su corta edad, cumplieron satisfactoriamente con su tarea. Este tipo de procesos, que se hacen necesarios no sólo en el ballet sino también en los diferentes géneros de la danza, dejan una estela de esperanza para que el arte continúe, para que nuestros jóvenes artistas sean el futuro de la escena.

El despliegue físico que implicó velocidad, fuerza y precisión se llevó a cabalidad en cada segmento, dando cuenta de una correcta preparación mental y física, igualmente hay que celebrar la labor de los coreógrafos, lo visto sobre escena refleja un gran compromiso como guías y maestros.

A excepción de unos poquísimos traspiés, sobrellevados de la mejor manera por los bailarines, al punto de ser casi imperceptibles, el evento no fue menos que sobresaliente. Tal vez el único punto que da qué pensar en este tipo de espectáculos, es la permisión del ingreso de niños pequeños, hubo momentos, durante la gala, en que varios de ellos, al sentirse sofocados, empezaron a llorar y a gritar pidiendo salir del lugar, cosa que, siendo el ballet una disciplina que requiere gran concentración, no resulta pertinente, pues no solo merma el disfrute de los asistentes sino también ocasiona distracción en los bailarines. Hay que preguntarse si es momento de regular de manera más rigurosa el ingreso por edades a ciertas obras.

El cierre fue un estallido de alegría; mientras el público no paraba de dar palmas, aquellos seis danzantes sonreían manteniendo una perfecta postura a pesar del cansancio y la falta de aire. Las gotas de sudor que recorrían su frente resplandecían junto a la brillantina esparcida por su vestuario. El sudor, la joya más preciosa que pueda adornar el cuerpo de un bailarín, fue la recompensa al trabajo bien hecho. Definitivamente, la danza es vida.