La Virgen Negra

Foto: Andrés Hidalgo
Foto: Andrés Hidalgo
Por: Wilson Rodolfo Gutiérrez Ramírez
Publicado el 11 de noviembre de 2017

Obra: Mentira única
Compañía: Nacional de Danza de Costa Rica
País: Costa Rica
X Festival Danza en la Ciudad
Fecha de función: 9 de noviembre de 2017
Teatro:
 Villa Mayor

 

Las luces se encendieron y empezó la obra. Seis bailarinas veteranas, de entre 50 y 60 años, maestras, vestidas con atuendos ligeros donde los colores negros y grises predominaban, hicieron su ingreso al escenario pidiendo silencio:

¡Shhhh!– Emitían de manera prolongada mientras se llevaban sus dedos índices a la boca.

Ese fue el prolegómeno de la obra: lo que no se puede decir, lo que se debe callar. Pero contrario a ese mandato, la Compañía Nacional de Danza de Costa Rica, dirigida magistralmente, en esta pieza, por el coreógrafo Gustavo Hernández, no se guardó nada. A través de la plasticidad y gracia de sus bailarinas, apoyadas en una escenografía sobria y contundente, con un manejo de luces fuera de lo común ya que el personaje masculino las alumbraba con una lámpara de mano, y sobre todo, con unos textos llenos de humor y verdad, expuestos de manera coral, nos fueron soltando, como quien no quiere la cosa, todo el veneno que corre venas adentro del pueblo costarricense: la corrupción, la desigualdad social, el arribismo, el oportunismo, el chisme, la dominación de clase y de género, en fin, todos los males endémicos de Latinoamérica que también afectan a la Suiza centroamericana.

Después del segmento inicial, en el cual las bailarinas danzan al unísono y de manera solemne, irrumpe la figura del diablo y fragmenta la línea melódica que, hasta ese entonces, estaba dominada por una música industrial; con este personaje colorido llega el ritmo de carnaval, llega la fiesta, los ánimos se distienden y queda tiempo hasta para tomarse selfies con el recién llegado. Y aparece ella. Thalaya. Una transformista exuberante que luce su cuerpo escultural a ritmo de merengue y quien viene a apuntalar la rebelión. Después de ese corte narrativo la obra gana en vértigo y se produce, entre muchas otras cosas, la letanía reveladora: “…nos creemos objetivos pero gritamos más alto un gol que una injusticia…”

Aunque eran ocho artistas en escena, en un momento determinado sólo vi tres personajes: La Virgen Negra, El hombre-diablo y Medusa.

Las seis magistrales bailarinas son seis maneras distintas de ser de una misma mujer. Una mujer con seis cabezas. Una mujer que, a través de la obra, se despoja de sus miedos y, con las lágrimas que le provoca su propia catarsis, envenena a su agresor y se marcha liberada.  La imagen final que me queda grabada en la memoria, es una variación de la escultura icónica de la Pietá: un hombre al final de su destino consolado por una Virgen Negra.