El retorno de los años maravillosos

Foto: Andrés Hidalgo
Foto: Andrés Hidalgo
Por: Manolo Villota Benítez
Publicado el 12 de noviembre de 2017

Obra: Casa de citas
Compañía: Lihaf
País: Colombia
X Festival Danza en la Ciudad
Fecha de función: 10 de noviembre de 2017
Teatro: Villa Mayor 

“La vejez existe cuando se empieza a decir: nunca me he sentido tan joven”, esta frase del dramaturgo francés, Jules Renard, condensa casi a la perfección la esencia de Casa de citas, la obra de la compañía Lihaf que tiene como protagonistas a un grupo de hombres y mujeres que, a pesar de su edad, emanan la vitalidad de la juventud.

Esta propuesta, que pone en escena a personas que se encuentran por encima de los 50 años, es tanto un despliegue de histrionismo y jovialidad como una invitación a la reflexión. A lo largo de casi una hora de duración, usando como excusa una noche de parranda al interior de una casa de burlesque, (afrancesada pero bien criolla), sus bailarines exploran, de sólo la manera que la vejez puede hacerlo, las facetas del ser humano.

Cada segmento compuesto por coreografías en parejas, individuales, y cortas escenas sin diálogos, no sólo enganchan al auditorio sino que también lo involucran dentro de este viaje sin destino, donde lo único que importa es disfrutar.

El amor, la pasión, el miedo, la muerte, se abordan de manera sutil y explícita, nos invitan a entender que nuestra existencia y sentido de ser, lo que podemos hacer o dejar de hacer, no se ciñe a los años que traemos encima.

Casa de citas es una obra atrevida y audaz, no teme  intentarlo todo, desde jugar con la comedia de manera picaresca hasta cuestionarse, de forma un tanto existencialista, sobre la naturaleza del envejecer, todo de manera pulida y sensible, nunca cae en el ridículo y su puesta en escena es acertada: trajes de colores, música que pasa por géneros como la bachata, los boleros (cantados a capela), los porros, la cumbia, el tango e incluso hasta el reggaetón, son bien ejecutados por cada uno de los participantes en escena.

Aquí vale hacer un reconocimiento al equipo de trabajo que hizo posible esta obra desde la dirección y coordinación, pues se nota que tanto el concepto como la puesta en marcha del mismo, fueron ideados y llevados a cabo de manera consciente y rigurosa. Igualmente es destacable el entusiasmo y la seriedad que muestran quienes se paran sobre las tablas.

Elementos extra, como apoyos audiovisuales, que en ciertos momentos complementan el desarrollo de la pieza, e igualmente, un manejo sobrio de luces que se intercalan, ya sea abarcando todo el escenario o tan sólo una parte de él, usando el reflector como herramienta, son mecanismos acertados que generan el ambiente propicio dependiendo del segmento.

El grupo de bailarines lo es todo. No tienen miedo de usar su cuerpo. Saltan, revolotean, se abrazan entre sí, hacen rondas y se confrontan, se besan y gritan, todo transcurre ante los ojos de un personaje distinto, quién parece ser un ánima vestida de blanco pero que aunque la mayor parte del tiempo está ajena a todo, en un punto de la trama, se une a la algarabía del burdel.

Antes de cerrarse el telón, todos saludan a un público que aplaude sin cesar, aparecen los vítores y los ojos aguados de probables hijos y nietos de los protagonistas que reflejan, no sólo el orgullo y la nostalgia, sino la felicidad de saber que una buena vejez también implica darse el lujo de jugar a ser feliz.